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Mostrando las entradas etiquetadas como vida

Hacer sin saber

A los 25 años, cuando me recibí de traductora, ante la premura de conseguir trabajo y el requisito ineludible de ejercer la docencia para poder hacer la licenciatura que cursaba en ese entonces, empecé a dar clases de inglés. Cierto es que jamás había querido ser docente y justamente por eso había estudiado el traductorado. Solía repetir por aquel entonces frase como: «El primer día mato un pibe y me rajan» o «Les voy a poner uno a todos ni bien me discutan algo» o «Tengo menos paciencia que un velociraptor bebé». De hecho, en la clase de orientación vocacional de la secundaria, dudaba un poco a la hora de decidir qué querría hacer en el futuro hoy por hoy presente, pero la birome podía volcar sin vacilar en la columna del jamás: Docente. Pero, a mi pesar, la vida me echó en cara eso de «de esta agua no has de beber» y mi primer trabajo fue en un colegio privado de mi barrio. El profesor viajaba a Buenos Aires por temas familiares y necesitaban a alguien que enseñara todos sus cursos ...

Las cosas (y los casos) por su nombre

Dicen los que saben de astrología que la personalidad está en realidad más marcada por tu ascendente zodiacal que por tu signo; o sea, si sos de escorpio, pero tenés ascendente en piscis, vas a ser un cabrón un tanto místico, por ejemplo. Ahora, ¿será que en cuanto a nuestros nombres puede suceder algo parecido? ¿Qué tal si el segundo nombre, ese que nadie usa y que se suele ocultar por vergüenza y suscita cargadas en el colegio cuando tus compañeros lo averiguan, es el que en realidad marca tu destino? ¿Qué pasaría si más que "Marías" y "Juanes" fuésemos "de los Ángeles" o "Ignacios"? ¿Y si el verdadero significado de nuestras vidas estuviera signado por ese otro elemento de nuestra nomenclatura personal? Convengamos también, entonces, que las personas más sencillas y descifrables serían aquellas que tienen uno solo. Esos tendrían todo clarito y sin prolegómenos: Ana a secas, Sandro y listo... No hay más misterio por resolver. Son lo que hay, c...

Un frasco a la vez

De plástico, metal, porcelana, madera o hueso, cuando llueve la pregunta en soledad siempre es la misma: ¿dónde está mi cucharita? No la que usaré para revolver el café, ni la otra grande que es para la sopa con arroz y queso que te levanta la temperatura después de una jornada laboral, o la que hundiré en Nutella para endulzar un poco el alma, alegrar el corazón y tirarme en el sillón a pensar junto a la estufa cuándo llegará esa otra, tan requerida, que te abrace (o se deje abrazar) en las noches frías cuando la lluvia golpee las persianas y el ruido de los truenos corte tu sueño en un estruendo sobresaltando la paz. Esa que provoque hundir la nariz en su pelo, buscando el huequito ese que se forma en la nuca, justo donde se junta la columna con la cabeza... Ese es el punto exacto donde el aroma de esa persona especial se concentra. Como ya bien dijo el gran Hernán Casciari: "amas a alguien cuando su olor te calma".  Y así, pese al viento que zangolotea las ventanas c...

Vendaval

A mí los amores no me llegan lentos y pausados, en base a un conocimiento paulatino de la otra persona; me llegan y ya, así como de sopetón. Explicándome, digamos que a mí me tumban como una suerte de sudestada, vienen con tormenta de polvo, presión variable, temperatura rara, se me revolucionan las aguas, se me mezcla todo y no sé para donde correr a esconderme. Bah, sí sé. Me escondo en la friendzone. Básicamente: cuando alguien me gusta, me pega en los ojos una mirada furtiva y fui, a partir de ahí es todo lucha y esfuerzo por lograr ser notada. Pero, para mi desgracia, tengo menos potencial de levante que una papa y lo que termina pasando es que me vuelvo amiga. Pero amiga amiga, ¿eh? Tipo, de la que te pregunta onda tu teje nuevo, tu ex que te pica la oreja o la fulana equis con la que matcheaste en Tinder. Esa soy yo... Creo que tengo tanto miedo al rechazo que me aseguro de ser lo suficientemente copada como para que me incluyan en sus vidas sin arriesgarme demasiado a que me d...

Primer round

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Cayendo del mapa, en picada, vas a sentir el impacto con tu quijada... Vas a sangrar, vas a sufrir, vas a entender lo que no va, lo que no da! Tu ignorancia es entendible pero tu altanería me subleva, podés bajar cátedra pero no tenés idea. Tu púlpito de sabiduría, tu preparación, tu estudio, No te vuelven oráculo; sos tan solo una radio transmitiendo la interferencia de tu absoluta ignorancia sobre lo que hace a mi existencia...

Fluir...

De la energía emanada pueden surgir sentires inesperados, calores inenarrables y deseos increíbles. Así, de la más absoluta nada, surgió, se creó, brotó una suerte de compañía inexplicable que a todo atañe, que a todo incluye, a la que el absoluto infinito no puede rehuírle... Es este presente inmediato que se escurre en el tiempo como agua en mis manos, que llega con dulzura y abrigo donde todo era llano, lóbrego, insípido, inerte, donde realmente creía ya verme echada a mi suerte. Dios sabrá cuál será el destino de nuestras risas y complicidades, por ahora fluyamos, vida mía, hasta que muera la tarde.

Carapesta

Según Wikipedia, la cartapesta es " técnica que utiliza trozos de  papel  cortados a mano unidos mediante un  adhesivo   para formar objetos, superponiendo las capas de papel entrelazados entre sí y el adhesivo una y otra vez por lo que éste al endurecerse nos ofrece como resultado final una superficie mucho más resistente y más rígida, cuantas más capas más rigidez, con un resultado parecido al  cartón piedra ". Con el correr de los años, mi cara se ha vuelto de ese material. No sé si fue la adicción a las manualidades y al canal Utilísima lo que me condujo a tal destino, pero la triste realidad es que tengo la cara más dura de toda la comarca y no me resulta útil, ni está decorada con decoupage de florcitas, sino con emociones que no se demuestran a quién las ocasiona. A saber: cuando alguien me lastima, una fuerza más poderosa que la Fox y toda la CIP juntas se apodera de mí y sólo atino a decir "¡TODO BIEN!/¡NO PASA NADA!"/¡QUÉ BUENO!" y demás frases lapi...

Y golpean a tu puerta...

No importa cuánto te niegues a avanzar, cuánto reniegues de tus pendientes ni cuán la sota te hagas de las cosas que quisiste en su momento y dejaste de hacer por mil y un motivos. Tarde o temprano, cuando menos te lo esperes, van a aparecer, todas a la vez, como una seguidilla de señales luminosas en catarata, una atrás de la otra, como una lluvia de estrellas fugaces. Y ahí vas a estar, parada, con una red cazamariposas, tratando de atajarlas todas a la vez, bailando y con una sonrisa en la cara por volverlas a ver, porque las querés y por eso las elegiste, A la lista de cosas reaparecidas se le suman mis cinco materias para recibirme de Licenciada en Lengua Inglesa (con su respectiva tesis, claro). Sé que volvió ahora porque estoy en un momento mental, laboral y espiritual en el que le puedo hacer frente y tratarla con el amor que se merece. Porque por más que reniegue, amo mi carrera. Y así, una vez más, golpean a tu puerta... es hora de abrir para poder cerrar. Sólo es cuestión d...

Blablabla Sh Sh Sh

Prefiero la crueldad de la palabra a la tiranía del silencio. El discurso presenta una variable infinita de posibilidades, ya sea para rebatir opiniones, reforzarlas o simplemente lanzarlas a la vida, al aire, esperando y otorgando tal o cual resultado. En un diálogo, por más sordo que este sea, las palabras pueden encontrarse y batirse a duelo, dejando o no ganadores, pero sí exponiendo sus razones, menciones y motivos. En cambio en el silencio... en el silencio las posibilidades infinitas de desencuentro son tan vastas como las arenas del tiempo... El silencio puede ser llenado por mil y un escenarios que jamás llegarán a ser certezas, siempre vivirán en la eterna nube de las aproximaciones y potencialidades. Lo no dicho es el escarnio de los paranoicos, la tumba de los deseos, el fin del contacto. La angustia de los curiosos. Un nudo en el pecho. El punto inicial al infeliz recuerdo.

El oboe de mi

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Ayer tenía pensado contar cómo aprendí a bailar el vals en brazos de mi abuelo Goro durante su fiesta de 50 años de casado, pero el sueño me ganó y Roberto decidió terminar el texto por sí mismo... Si bien es cierto que ese es uno de los recuerdos de infancia más lindos que tengo (y uno que reproduzco cual film en mi memoria cada tanto) y que se transmuta en que, cada vez que haya ocasión de hacerlo, baile el vals con maestría (a diferencia de mucha gente que conozco, que más pareciera bailar un chamamé chic), existen muchas otras cosas que le debo, como una suerte de herencia intangible, a mi querido Goro. Y una de ellas es el gusto por la música clásica y sinfónica. Recuerdo despertares en casa de los abuelos durante vacaciones de invierno, el despegar los ojos con mucha parsimonia mientras mis narinas tomaban conciencia del aire frío y metálico que aspiraban como recambio del tibio y perfumado con suavizante para la ropa tras haber pasado una noche con la cabeza tapada con los acolc...

Vals

Cuando tenía siete años, mis abuelos cumplieron cincuenta de casados. wq2222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222222tyhszxxxxxxa'''''''''''''''''''''''pppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppp...

Haruka

¿Cómo alguien puede vivir llevando el Sol en los ojos? ¿Develando anhelos con una sonrisa de dientes imperfectos y, aún así, preciosos? ¿Cómo puede el tacto gentil de un hada esconderse detrás de una fachada tan poco acorde pero, al mismo tiempo, tan coherente? ¿Puede acaso alguien, obnubilada ante tan armoniosa presencia no sentirse cohibida de acto, palabra y acción? ¿Es tan impensable el congelamiento de las reacciones, la sangre y el suspiro? Sí, lo es... y resulta evidente y claro lo intangible de tu abrazadora y aun sutil existencia. Un simple ser terreno no puede aspirar a ser deseado ni requerido por tal maravilla etérea; por quien, como la luz que su aura destila, danza entre nubes suspendida por su propia leveza. Quien contempla al mundo desde regio palco no debe ser incordiada por cuestiones mundanas de terrenal presencia, ni admitir en su dorada estela a quien usa ni más ni menos que las piernas para movilizarse, a quien arrastra su existencia por Gea, a quien la Grave...

Pasos sobre el cristal

«Sos demasiado buena...» «Sos una dulce...» «Sos demasiado inocente...» «Tenés que dejar de mirar a la gente con el filtro de tus expectativas y empezar a verlas por como son...» «Pará de esperar lo que deseas de las otras personas y empezá a ver qué es lo que están dispuestas a darte...» «Dejá de darle pasto a los camellos... la gente es como es, no como vos te imaginás que son». «No podés andar regalándole un pedacito de tu corazón a cuant@ nab@ conocés, Mariana, no es sano». Tantas miles de veces he des(oído) esos consejos/palabras... y tantas otras sufrido las consecuencias sentimentales (y físicas) de no lograr protegerme de los embates del mundo y sus habitantes... Ya corren tres décadas de construir castillos en el aire y dar pasos sobre el cristal con sandalias de pluma, rezando, rogando y esperando que no cruja... Sin embargo sigo teniendo la estabilidad emocional de una nena de cinco años que va por la vida regalando corazones mal trazados en papel de estraza.

Mi caramelo

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Muchas veces, las emociones se encadenan y resultan en recuerdos, en un reciclaje de sensaciones de momentos olvidados, cosas vividas que, como una suerte de catarata en forma de espiral, nos llevan a un punto en el tiempo que nos hace doler... Otras, un hecho aislado, el cual no es racionalizado en su momento, se escapa del encajonamiento y sale a la luz en forma de otra cosa, con otra máscara... Mi primer amor se llama Francisco. Era medio rolinga, tenía unos rulos hermosos y siempre olía a shampoo. Y tenía un lunar que parecía un arito en el lóbulo derecho. Yo tenía 15 años y era flor de pelotuda. No tenía idea de lo que era que alguien guste de vos y me enamoraba en un tris (no es que haya cambiado mucho 15 años después, a decir verdad). Fue mi primera relación a distancia, la cual sería tan solo el principio de una seguidilla que se viene prolongando in eternum. Nos conocimos en ensayo del grupo de teatro en el que participábamos, entre otros, su papá y yo. Esa noche hubo una fie...

La enteriza

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Siempre que alguien deja de fumar le advierten que va a engordar, que será cosa de la ansiedad y que va a tener más hambre que gomero a una vedette... yo creo que más que por ese factor, comí porque recuperé el sentido del gusto y todo me parecía más rico que antes. Sea lo que sea, me fui ensanchando para los cuatro costados a lo largo del año y sumado a que no movido mucho el panaco carreras y laburo mediante, ahora califico más como modelo de Botero que de Michael Kors. Por tanto, este verano me paso a la enteriza, las bikinis están reservadas para otro tipo de minita y, queridos lectores (si es que aún me queda alguno) había sido que encontrar una que me quede como la gente es bastante complicado. Si quedaba un nicho de indumentaria con el que no tuviera mayores dramas, este acaba de revelarse esquivo y ladino. Ser alta implica que comprarte un jean, un par de zapatos o un saco se volverá una expedición donde te desnudarás cien veces, harás fuerza en probadores diminutos (golpeándo...

Déjà vu lactante

Ayer tuve que hacer acto de presencia en un ritual popular llamado "fiesta de un año del bebé de una amiga" y, rodeada de ese mundo de cochecitos, chizitos, sopresitas, mocos y Sapo Pepe, tuve un déjà vu... de golpe me di cuenta de que la situación se me presentaba similar a una de cuando tenía 12 años,  cierta vez que nos rateamos con las chicas y terminamos en una farmacia/supermercado mirando toallitas (no había shopping en Posadas por aquel entonces) y todas empezaron a señalar las que usaban y a decir cosas de las alas, los geles, los tampones desvirgantes y demás… y cuando me preguntaron qué marca usaba yo, bajé la cabeza, me puse colorada y con mucha mucha vergüenza y pena confesé que no me había venido todavía. Inmediatamente, me consolaron (?) sosteniendo que ya me iba a llegar (???), pero claro, me sentía un marciano o, como recuerdo haberle dicho a madre en ese momento: “como una cucaracha entre hormigas”. Y ayer me sentí parecido, pero sin vergüenza ni sonroja...

Hablá más fuerte que no te escucho...

Mi queridísimo camarada de altura creado por García Ferré tenía la posta y su conocido latiguillo expone un molesto inconveniente que solemos atravesar las gentes de largas patas: no escuchar cuando alguien más bajo habla. En innumerables ocasiones me ha sucedido estar en un grupo compuesto en su inmensa mayoría por gente de estatura promedio y que allá abajo la conversación sea de lo más divertido y tener que agacharme para poder enterarme de qué pasa o que estén secreteando, preguntar de qué hablan y que el que esté más cerca tenga que estirarse para contarme a quién cuerean, ocasionando de este modo que, si ese cuereado estaba en las cercanías, pudiera percatarse de que algo pasa. Se repite esto en los boliches, cuando el volumen de la música hace imposible la comunicación, mi elevada cabeza jamás se entera de que las amigas van al baño y de golpe se ve parada sola en medio de la multitud. Pero sin dudas, el más claro ejemplo me sucedió el jueves pasado: fui con una amiga a mirar vi...

Bricolage

Serán la hijauniqués, los padres divorciados, el fanatismo por los gatos, pero mi manía principal no es de esas que todo el mundo tiene, como ordenar mucho o acomodar los cubiertos en la mesa en perfecta armonía con el feng-shui. Yo adoro comprar pelotudeces; digamos, somos muchos los chatarreros, pero lo mío viene onda bricolaje: continuamente compro lentejuelas, mostacillas, canutillos, telas, papel barrilete, cola, pinceles, pinturas para tela, lanas, agujas de tejer para hacer eso que vi en utilísima que estaba “rebueno” y que “me va a salir más barato y más lindo hacerlo que comprarlo”. Já. De esta forma, mi casa es una especie de mercería/bazar llena de proyectos ni siquiera empezados por falta de tiempo o inspiración. Cada tanto, siento como me posee el espíritu de una profesora de actividades prácticas de primaria y corro a la librería/ferretería/mercería más cercana para hacerme de todos los enseres que necesito para realizar, por ejemplo, ese lindo biombo con cuentas que vi...

You'll find your happiness in...

¡RIO! Me voy a Río de Janeiro una semana en enero. La feliz felicidad que cargo ni les cuento. Ahora bien, se viene la señora dieta con toda la fuera. No sea cosa de salir mal en las fotos, ¿no?

Se recibe Lola

Ya han pasado 9 meses de este 2013 y sigo debiendo las mismas 5 materias que debo hace 4 años... La única diferencia es que ahora tengo presión real. Hace un tiempito me llegó esto al mail: "Querida Mariana: Necesito que este año apruebes 2 materias para mantener la regularidad. Pueden ser del 2º o del 3º cuatrimestre. No te dejes estar." Esa belleza epistolar es obra de la directora de la carrera. Lindo. Conciso. Tajante. Un "a rendir que se acaba el mundo". Jé. Lo simpático de todo es que me llegó en mayo... y yo recién me empecé a hacer cargo hace dos semanas. Y no sé si llego. Ya la cuestión de querer o no querer ni se cuenta. Si cualquier persona me dijera que le quedan 5 materias y la tesis para recibirse, me bajaría los lentes hasta la punta de la nariz, torcería la boca y con mi mejor cara de cobradora de deudas le diría: "¿Y qué cornos estás haciendo que no rendís?". Así que me ando mirando mucho al espejo, pero mi cara a mi no me asusta...