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Franz, El Goro y Pepín

Hace mucho que no escribo acá, pero quisiera dejar plasmado algo, para mí, y para quien quiera leerlo también. Les aclaro desde ya que lo que voy a decir puede ocasionar debates, agresiones... no quiero eso, porque para mí lo que voy a escribir me toca muy profundo la fibra emocional, así que espero sepan entender si no me prendo en un de debate, o si elimino algún comentario que no me guste. Franz Kramer llegó a Argentina junto con unos primos a comienzos del siglo XX, en busca de aventuras, según contaba Tío Lonchi, su tercer hijo, que le contaba a él. Se casó, y tuvo una hija, Emma, pero enviudó al poco tiempo y fue padre soltero. Según la usanza de ese entonces, los paisanos del conventillo lo convencieron de que "no es bueno que el hombre esté sólo" y le presentaron a otra viuda con un hijo, Ian, galitziana ella. Se casaron y se fueron al sur, porque empezaba algo que iba a ser muy importante para la vida de la nación, YPF, que prometía trabajo bueno, duro, pero ...

Delirios inmobiliarios

Había sido que alquilar en Capital es una especie de desafío a la fuerza de voluntad, a la disponibilidad horaria, a las relaciones familiares y geográficas, y a las posibilidades humanas de flexibilidad de gustos. Desde que llegué, vivo en un depto compartido que es más bien una pensión glorificada. Consta de tres cuartos (el mío otrora fue el living) baño y cocina con todos los muebles, pero también de ciertas reglas: en la puerta lo único que le falta tener es un cartel de "you shall not pass!" (no pasarán), puesto q no puedo recibir visitas que no sean mi vieja o mi viejo, pero si ellos quieren quedarse a dormir, poniendo estaba la gansa.  En el año que llevo viviendo acá, tuve cinco compañeras de casa diferentes, y mi círculo social se ha visto ampliado con aportes que vinieron desde Brasil y diversos puntos de la Rep. Arg., y que si bien me he llevado bien con la mayoría, hay dos que ojalá las pise un camión. En fin, retomando, que me he puesto en campaña para mud...

Timbera

Nunca juego a nada que requiera dinero, pero siguiendo la voz de mi conciencia, ayer decidí a jugarle a un par de numeritos alusivos a la fecha de mi natalicio. Será que el universo estaba de buen humor, porque salieron. Jugué moneditas, así que el premio no es la gran cosa, pero me alcanza para costearme un trago en Plaza Dorrego el viernes, cuando festeje mi cumple (y si alguno de ustedes lectores, quiere caer, estaré expectante a ello). Pero el hecho supera a la cifra; creo que sacarse algo en la quiniela el día del cumple de uno es señal de buen augurio; ¿qué opinan?

Natalicio

Habiendo nacido con 52 cm y una actitud acorde, hoy se cumplen 27 años de la proeza de la "primípara añosa", es decir, mi madre que me tuvo con 41 años. Así que se suma un dígito al blog y otro a mi existencia. Feliz cumpleaños a mí.

Entomo-scout

Hoy fui a buscar a mi vieja a Aeroparque. Como tardaba decidí  ir afuera a fumarme un pucho mientras ponía los ojos chinos debido al sol destripador de este mediodía. En eso, decido buscarme una sombrita y me ubiqué al lado de un ventanal. Y ahí lo vi: del otro lado, en una esquinita, desesperado chocándose contra el vidrio polarizado, quedando cabeza abajo y batiendo las alas a más no poder, estaba un alguacíl de importante tamaño que no podía entender por qué podía ver el río y un árbol lleno de flores pero no podía avanzar. Ya he hablado de mi bichofobia en ocasiones anteriores, pero me conmovió el ahínco con el que el bichito luchaba por salir pese al gran obstáculo y a que su cerebro de insecto no le entraba que era imposible. Así que apagué el pucho, entré de nuevo al aeropuerto y fui derecho a la ventana. Agarré una servilleta y se la acerqué. El chobi se subió en el acto, como entendiendo lo que estaba por pasar. Y se bancó ahí quietito mientras yo caminaba por e...