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Pasado de aquí pa allá

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Hay algo que quiero confesar, es una necesidad de espíritu, de mente... algo que tenía bloqueadísimo hasta hoy, durante la hora del almuerzo del colegio, con mi compañera que tiene casi mi misma edad, nos pusimos a cantar de la nada y apareció: En mi adolescencia fui cumbiera (entre otras cosas). Pero enserio. Recontra. Después lo tapé con kilos de Dylan, pero todos los sábados iba religiosamente a un boliche llamado "El Parador", en el cual no se bailaba prácticamente otra cosa... también iba a recitales, practicaba pasitos (onda Pasión de Sábado), sabía de memoria temas (y aún me los sé, sólo que en esa época les insertábamos los nombres del gustado de turno). Todo el combo tropical. Después me olvidé, lo tapié, me hice la sota, me disfracé de rocker... pero hoy salió a la luz. Mientras los nenes almorzaban, las seños se empezaron a tirar un paso y a cantar "La cumbia de los trapos", todo a raíz de que ahora tenemos uno para limpiar los enchastres de los nen...

Predecible

Llegó de nuevo esa época del año en el que empezamos a ver las fotos de la gente que se fue de vacaciones a Brasil en el verano y el verde de las venas pasa al corazón, los colmillos salen y pensamos :«De este año no pasa, me voy de vacaciones aunque tenga que hipotecar el gato, la tele y la laptop». Y empezamos vizualizarnos caminando por la arena blanca, retozando bajo el sol o barrenando alguna olita amistosa. Pero claro, también en esas fotos, las amigas que se muestran, pelan lomos, cinturitas, panzas chatas, culos firmes... todo lo que jamás tuviste y que, si seguís en la onda delivery chino y pastas, jamás tendrás. Esto acarrea promesas de dietas, compras de cereales y yogures, granolas, frutas y visitas a la góndola del farmacity donde están los productos para engañar, digo, para adelgazar. Entonces una se deprime, y jura por su abuela, que en paz descanse, que va a para de morfar, en vez de tomar el cole, va a ir en bicicleta o caminará, que cambiará el alfajor por una manz...

Ha de ser el agua

En este momento, mientras hablamos, la gente coje. Sí, señores, la gente coje y mucho y no se cuida. Pero Misiones, la hermosa, con su selva sensual y voluminosa, se ha vuelto un rincón en la República Argentina donde la gente se da sin parar y sin pensar y sin cuidarse. Sospecho que el censo pasado dejó un registro de que falta gente y sobra espacio y se determinaron a reproducirse. Eso, o están formando un ejército. Esto no es una pataleta, no es como el primer período, el primer novio o la primera vez, sinceramente, no es algo que una se muera de ganas que le pase y se traume porque no sea así. Esto es un estado de alarma total; una X28 activada que suena cerrando el útero a cal y canto; una sobredosis de pastillas de día después mentales. Es un terminante "conmigo no cuenten". Tengo 27 y es verdad que estas cosas pasan y que es normal.Y soy sociable y conozco mucha gente... pero si de golpe 23 de las mujeres que conforman su entorno estuvieran en estado gestante, postul...

Yo propongo... (I)

que el inventor de la Guía T  tenga su propia plazoleta, propiamente ubicada en Avenida Santa Fé y una estatua omnibuestre (que sería como una ecuestre pero montado en un bondi), pero con muchos brazos señalando los diversos puntos de la ciudad y cuyo rostro podría ser una brújula o, dados los tiempos modernos, un gps. Sería un punto turístico importante alabado por todos los palurdos del interior (entre los que me incluyo con todo honor) que andamos jugando a la batalla naval con el librito en cuestión por las calles porteñas.

Pinchame el platónico globo

En una acalorada discusión por chat con mi novio sobre los atributos de nuestros amores faranduleros me despaché con una crítica despiadada hacia las suyas, arguyendo que él también critica a los míos: Diego Forlán y Pablo Rago. Pero el final llegó estrepitosamente: Mariana dice: V o' sabé' q yo te judeo porq soy celosa  y ya quisiera ser linda como las minitas esas...  además vos tb decís que Forlán y  Pablo Rago  son feos... Sapo dice: de hecho lo son, uno tiene nariz de rugbier y el otro es del tamaño de un parquímetro. Más que celos, señores, eso es objetividad en estado puro.