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Déjà vu lactante

Ayer tuve que hacer acto de presencia en un ritual popular llamado "fiesta de un año del bebé de una amiga" y, rodeada de ese mundo de cochecitos, chizitos, sopresitas, mocos y Sapo Pepe, tuve un déjà vu... de golpe me di cuenta de que la situación se me presentaba similar a una de cuando tenía 12 años,  cierta vez que nos rateamos con las chicas y terminamos en una farmacia/supermercado mirando toallitas (no había shopping en Posadas por aquel entonces) y todas empezaron a señalar las que usaban y a decir cosas de las alas, los geles, los tampones desvirgantes y demás… y cuando me preguntaron qué marca usaba yo, bajé la cabeza, me puse colorada y con mucha mucha vergüenza y pena confesé que no me había venido todavía. Inmediatamente, me consolaron (?) sosteniendo que ya me iba a llegar (???), pero claro, me sentía un marciano o, como recuerdo haberle dicho a madre en ese momento: “como una cucaracha entre hormigas”. Y ayer me sentí parecido, pero sin vergüenza ni sonroja...

Hablá más fuerte que no te escucho...

Mi queridísimo camarada de altura creado por García Ferré tenía la posta y su conocido latiguillo expone un molesto inconveniente que solemos atravesar las gentes de largas patas: no escuchar cuando alguien más bajo habla. En innumerables ocasiones me ha sucedido estar en un grupo compuesto en su inmensa mayoría por gente de estatura promedio y que allá abajo la conversación sea de lo más divertido y tener que agacharme para poder enterarme de qué pasa o que estén secreteando, preguntar de qué hablan y que el que esté más cerca tenga que estirarse para contarme a quién cuerean, ocasionando de este modo que, si ese cuereado estaba en las cercanías, pudiera percatarse de que algo pasa. Se repite esto en los boliches, cuando el volumen de la música hace imposible la comunicación, mi elevada cabeza jamás se entera de que las amigas van al baño y de golpe se ve parada sola en medio de la multitud. Pero sin dudas, el más claro ejemplo me sucedió el jueves pasado: fui con una amiga a mirar vi...

Bricolage

Serán la hijauniqués, los padres divorciados, el fanatismo por los gatos, pero mi manía principal no es de esas que todo el mundo tiene, como ordenar mucho o acomodar los cubiertos en la mesa en perfecta armonía con el feng-shui. Yo adoro comprar pelotudeces; digamos, somos muchos los chatarreros, pero lo mío viene onda bricolaje: continuamente compro lentejuelas, mostacillas, canutillos, telas, papel barrilete, cola, pinceles, pinturas para tela, lanas, agujas de tejer para hacer eso que vi en utilísima que estaba “rebueno” y que “me va a salir más barato y más lindo hacerlo que comprarlo”. Já. De esta forma, mi casa es una especie de mercería/bazar llena de proyectos ni siquiera empezados por falta de tiempo o inspiración. Cada tanto, siento como me posee el espíritu de una profesora de actividades prácticas de primaria y corro a la librería/ferretería/mercería más cercana para hacerme de todos los enseres que necesito para realizar, por ejemplo, ese lindo biombo con cuentas que vi...

You'll find your happiness in...

¡RIO! Me voy a Río de Janeiro una semana en enero. La feliz felicidad que cargo ni les cuento. Ahora bien, se viene la señora dieta con toda la fuera. No sea cosa de salir mal en las fotos, ¿no?

Se recibe Lola

Ya han pasado 9 meses de este 2013 y sigo debiendo las mismas 5 materias que debo hace 4 años... La única diferencia es que ahora tengo presión real. Hace un tiempito me llegó esto al mail: "Querida Mariana: Necesito que este año apruebes 2 materias para mantener la regularidad. Pueden ser del 2º o del 3º cuatrimestre. No te dejes estar." Esa belleza epistolar es obra de la directora de la carrera. Lindo. Conciso. Tajante. Un "a rendir que se acaba el mundo". Jé. Lo simpático de todo es que me llegó en mayo... y yo recién me empecé a hacer cargo hace dos semanas. Y no sé si llego. Ya la cuestión de querer o no querer ni se cuenta. Si cualquier persona me dijera que le quedan 5 materias y la tesis para recibirse, me bajaría los lentes hasta la punta de la nariz, torcería la boca y con mi mejor cara de cobradora de deudas le diría: "¿Y qué cornos estás haciendo que no rendís?". Así que me ando mirando mucho al espejo, pero mi cara a mi no me asusta...